Puerta de la Percepción

"Entre lo conocido y lo desconocido de este mundo están las puertas" (William Blake)

jueves, junio 22, 2006

LA CIUDAD DE LA CALMA

Montevideo es una ciudad Beatle. Strawberry field forever es la banda de sonido imperecedera de cualquier calle de barrio de la capital. El montevideano camina al ritmo de esa canción. El contraste se da entre la imagen que pretenden dar los ciudadanos y lo que realmente son. Aquí un punk no transgrede la estética de la ciudad sino que se incorpora a ella con notable maestría. Su ritmo cansino no coincide con un Anarchy in the U.K. (The Sex Pistols) o The Passengers (Iggy Pop). El punkillo uruguayo pide seguridad por televisión en una concentración en Plaza Cagancha. Tomemos como ejemplo una banda punk legendaria en nuestro país como La Sangre de Verónika. Sus temas están imbuidos de melancolía, de la tristeza y pesar tanguero. Se quiere ser The Ramones, pero somos Julio Sosa.

El centro de cualquier urbe del mundo requiere un paso acelerado y una música que va sonando en nuestra cabeza similar a la de Marilyn Manson. Si la música asesina es la que mueve toda metrópolis, nosotros nos entregamos al otro bando y regalamos la vida fácilmente al ritmo de marcha camión (nótese los movimientos patéticos en el video clip Ruido de Camiones del cantautor Pinocho Routin). Elegimos ser suicidas cobardes de a pie que no se animan a la digna estocada final.
[1]

Acá nos apropiamos de la letanía de The End (The Doors), esperando que alguien con muestra de suma generosidad nos termine desenchufando del Matrix. Nos movemos al compás de la agonía.
Si trazamos un trayecto por 18 de julio entre la Plaza Independencia y el Obelisco, solamente nos encontraremos con un único punto de tensión en ese recorrido: 18 y Ejido. Es el único cruce del Centro donde el ciudadano puede llegar a sentir un poco de adrenalina en su cuerpo. Durante ese recorrido propuesto podremos escuchar el primer disco de la Velvet Underground (el disco de la banana) porque esa es la sensación auditiva que se corresponde con la arquitectura urbana y los rostros casi animados de las calles.
[2]

El disco primigenio de la banda de Lou Reed dura 48 minutos con 57 segundos, si usted posee el andar justo de un montevideano promedio se encontrará a la altura de Ejido con el tema número 5: Run, run, run. Lo cual significa que usted está adaptado a la vida capitalina, está hecho a medida para esta ciudad. En cambio, si usted se adelanta o atrasa en el paso-canción puede significar conductas intolerables de soportar para el colectivo social, o por lo menos, una muestra de disfunción sexual. Una vez pasado Run, run, run y ya llegados al tema 7 Heroin, estaremos en el declive por la Plaza de los 33, y caeremos en el The black angel’s death song hacia el final de nuestra aventura. El Descenso inevitable de Cross frente al Obelisco. Una erección de Montevideo que nos engaña. Montevideo es en realidad impotente.

La idea de la capital uruguaya como una ciudad Beatle no me es propia, sino que es una conclusión a la que llegué a partir de los conceptos de dos grandes pensadores de la cultura nacional: Jaime Roos y mi amigo Nelson. En una declaración televisiva hace tiempo escuché decir al cantante de Durazno y Convención que la cortina musical de Montevideo era el rocanrol y no la murga. El creador de la murga-canción se despachaba con tal premisa. Por otro lado, mi amigo Nelson me explicaba como en Buenos Aires existe un vínculo estrecho entre la cultura stone (rolinga) y el dinamismo de su vida urbana. A su hipótesis agregaba bandas como Divididos en donde su sonido de guitarra, bajo y batería explosivo está acorde con la aceleración que debe acometer el peatón a la altura de un verdadero Obelisco (como el de los porteños): “El 38 está cargado, le puse balas pero no sé si apretar…”. De un lado de la calle 200 personas que desean cruzar, del otro lado la misma cantidad que pretende lo mismo: “Y reprimir el instinto asesino…” es el monólogo interno que susurra la mente (Andrés Calamaro). De ahí me nace el enunciado con el que inicié mi relato: del contraste entre la vorágine cocainómana porteña (La ciudad de la furia, Soda Stereo) y la pasividad marihuanera de nuestro transitar con el termo y mate a cuestas.

Vamos por la ciudad como si atravesáramos campos de frutillas. “…Huyendo del invierno una vez más.” (Los Estómagos).



[1] Tabaré Rivero en su libro “10 años de éxito al dope” (1996) declaraba que prefiere ser asesino que suicida. Me adhiero.
[2] De acuerdo a la Teoría de las Correspondencias perteneciente al Simbolismo, a la cual también me adhiero.

martes, junio 20, 2006

ABRIR LA PUERTA

Permisooo...